Valerio caminó por el pasillo de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales con el corazón latiéndole con una fuerza desmedida en el pecho. Cada paso que daba hacia la gran cristalera se sentía pesado, como si el tiempo se hubiera ralentizado a su alrededor. Cuando finalmente se detuvo frente al vidrio, la realidad lo golpeó por completo. Al mirar al niño a través del cristal, sintió de golpe una marea de sentimientos que jamás en su vida había experimentado: una ternura infinita, un amor desb