Dos meses después, la luz clara de la mañana se filtraba por las amplias ventanas de la habitación privada de la clínica, disipando por completo los últimos rastros de la angustia que los había acompañado semanas atrás. El ambiente se sentía cálido, impregnado de un aroma suave a colonia de bebé y del murmullo tranquilo de los monitores que ya solo registraban signos estables y saludables.
—Es hermoso, Valerio. Mira nada más, tiene exactamente tus mismos ojos y el cabello es castaño, idéntico a