—No dormiría contigo ni aunque me pagaras, Alessandro De Luca —sentenció Amelia con las mejillas encendidas, sintiendo cómo el calor de la indignación le subía por el cuello.
¡Jamás dormiría con ese hombre! Era un maldito descarado, un hombre que no conocía límites ni respeto. Amelia apretó los labios con fuerza mientras sentía que su sangre hervía ante la sola idea de compartir el mismo colchón con él. Alessandro, lejos de ofenderse, sonrió con una suficiencia que la irritó profundamente. Sus