—¡Oh, Alonzo! Mi amante es enorme, sexy y tan caliente como el sol del verano —murmuró ella, sus palabras susurradas en su oído, con una mezcla de desdén y burla, disfrutando de cada palabra.
Alonzo, al escuchar esas palabras, se tensó.
Su rostro se llenó de ira, y levantó la mano, a punto estuvo de golpearla, pero los guardias rápidamente lo detuvieron.
—¡Suéltenme! —gritó furioso, su cuerpo vibrando con rabia—. ¿Qué no saben quién soy? ¡Soy Alonzo Wang!
—¡suéltenlo! —ordenó Kristal, su voz tem