Al día siguiente, volvieron a la ciudad.
El viaje de regreso fue silencioso, con un aire de melancolía que flotaba sobre ellos como una tormenta a punto de estallar.
Beth miraba por la ventanilla, pero su mente estaba en otra parte. El peso de la verdad recién descubierta y el miedo a la cirugía que la esperaba al día siguiente le hacían sentir como si estuviera caminando en la cuerda floja entre la vida y la muerte.
Cuando llegaron a la mansión Savelli, Beth intentó calmarse, pero su pecho latí