Días después.
Beth y Matías estaban en el consultorio del doctor, esperando los últimos resultados. La atmósfera estaba cargada de ansiedad. El tic-tac del reloj en la pared parecía ralentizarse, como si cada segundo se alargara a propósito para atormentarla.
El doctor hojeó los papeles con un gesto serio antes de levantar la mirada.
—Todo está en orden. Nos vemos el lunes a las seis de la mañana, Beth. A las diez en punto inicia la operación.
Beth asintió con un nudo en la garganta. Apretó las