Fernanda, con el rostro enrojecido por la rabia, levantó la mano y abofeteó el rostro de Matías.
El sonido resonó en la habitación, y él se quedó parado allí, completamente perplejo, como si el golpe le hubiera dejado sin aire.
—¡Eres un hipócrita! —gritó Fernanda, su voz temblando entre el dolor y la furia—. Te fuiste detrás de tu amante, ¿y simplemente dirás que no hiciste nada malo?
Matías, aun con el ardor en la mejilla, intentó procesar sus palabras, pero no pudo.
El peso de la situación lo