Cuando Matías abrió los ojos, la luz de la mañana lo envolvió suavemente, pero el dolor que sentía en su cabeza era insoportable.
Se levantó lentamente del sofá de su sala, con la mente nublada, el cuerpo pesado como si el peso de la culpa lo aplastara.
Caminó arrastrando los pies hacia la habitación principal, cada paso un reflejo de la agitación interna que no podía controlar.
Al llegar, vio a Fernanda, su esposa, en la cama, inmóvil, envuelta en la paz del sueño. La imagen de ella, tan serena