Lourdes sintió que la sangre se le helaba en las venas. Su rostro perdió todo color mientras su respiración se volvía errática.
Giancarlo, por su parte, clavó una mirada helada en la joven que se pavoneaba ante ellos con una sonrisa de autosuficiencia.
—¿Qué demonios acabas de decir? —murmuró con voz grave, sus ojos entrecerrándose con sospecha.
Brianna infló el pecho con orgullo, disfrutando del impacto que había causado.
—¡Joel será padre! Y ustedes no pueden negarlo.
Hernán, que hasta ahora h