La puerta se abrió con un crujido, y Lourdes, Hernán y Tory entraron rápidamente en la habitación, la tensión palpable en el aire.
Brianna, al notar su presencia, reaccionó al instante. Con manos temblorosas, intentó patear la jeringa que estaba a sus pies, pero la ansiedad la hizo tropezar.
Al bajar de la cama, su cuerpo se tensó, un temor indescriptible la invadió como una ola aplastante.
El miedo era evidente en sus ojos, reflejando una angustia profunda.
—¡¿Qué haces aquí?! —exclamó, intenta