POV RENATA ESQUIVEL
Por suerte alcancé a tomar mi vuelo.
Apenas llegué a Bruselas, lo primero que hice fue dirigirme al hospital. Mi corazón latía con un dolor que no podía contener, un mal presentimiento me oprimía el pecho.
Corrí por los pasillos con mi maleta en mano, buscando la habitación de Sebastian. Al abrir la puerta, mi corazón se hundió: él no estaba allí. Miré el reloj y recordé que era la hora de su terapia de transfusión sanguínea. El pánico me recorrió de pies a cabeza.
—¡