108. José Eduardo
POV ABBY DE LA VEGA
Mi bebé está a pocos días de nacer, y mi relación con Eduardo ha sido, sin exagerar, maravillosa. No cabe duda de que después de la tempestad siempre llega la calma.
Eduardo me ha demostrado que el amor puede ser sincero, leal, paciente… un amor que sabe quedarse y valorar.
Él eligió a mi hijo como suyo desde el primer instante. No hubo dudas, ni condiciones. Juntos hemos vivido la alegría —y también el temor— de esperarlo. Cada patadita, cada noche de insomnio… siempre ha estado allí.
Hace una semana, en una salida romántica, en nuestro lugar favorito, me pidió matrimonio. Fue sencillo y perfecto, como él.
—Quiero pasar mi vida contigo —me dijó, con esa voz firme que siempre logra estremecerme.
No dudé. Dije que sí con el corazón lleno de amor.
Eduardo es el ángel que Dios envió para devolverme la paz, para recordarme que merecía ser feliz.
Mi padre y mis hermanos lo aprecian profundamente; lo han aceptado como parte de la familia. Su familia, por s