DE FELIZ NO TIENE NADA.
—¿Puedo llevarte a casa? —propuso al detenerla del brazo.
—La llevaré yo —se acercó Ángel, le tomó la mano ganándose una mirada asesina de Marcos—. Vino conmigo y volverá conmigo. —Al sentirse como una cosa que ambos querían obtener, se molestó. Más cuando ambos empezaron a jalarla minuciosamente como si fuese una cuerda.
—Me iré sola —se soltó de ambos—. Pasa por mí a las dos —dijo al dirigirse a Marcos. Luego miró a Ángel—. Nos vemos mañana —le dio un beso en la mejilla y se fue. Se fue sin mi