SACANDOLE LA VERDAD.
—¿Y tú? ¿Quién te crees para entrar así a mi casa? —replicó Ángel. Marcos miró con altivez todo a su alrededor y, con arrogancia, respondió:
—¿Estás seguro de que es tu casa?
Si bien era cierto que el abogado tenía su casa, pero ahora mismo se encontraba en la mansión de su abuelo, el lugar donde vivía su madre y en el que vivió desde la niñez. Y esa casa también era parte de la herencia que su abuelo le dejó a Marcos. Por petición de Elisa, este aceptó no desalojar a la madre de Ángel. Sin em