Catalina despertó, el sol bañaba la habitación.
Disfrutó la firmeza perfecta del colchón y las suaves sábanas de algodón. Incluso la almohada tenía la elevación perfecta para cabeza. Suspiró satisfecha, inhalando el suave aroma a eucalipto y lavanda que impregnaba la habitación.
Si, había echado de menos la hacienda. Era cierto que se había convertido en su hogar.
Poco a poco, se fue desperezando. Y de pronto pensó en que llegaría tarde al trabajo, pero entonces recordó que estaba de licen