Sander tenía la vista clavada en la ventana de la cocina. Viejo Gruñón estaba tumbado a sus pies. Junto a su mano había una taza de café humeante.
Quizás fuera su alma de artista o su instinto, pero estando en Roma no había podido estarse tranquilo. Había tenido el presentimiento de que algo no iba del todo bien en casa y había tenido la razón.
Su hermano había salido la noche anterior supuestamente a intentar recuperar a su mujer. Aún no había regresado y Sander perdía la paciencia.
¿Qué po