— Felicidades señor Visconti, su esposa espera un varón.
La noticia que impartió el médico no pareció sorprender a ninguno de los tres.
Sandro asintió, con la mirada fija en la pantalla del equipo de ultrasonido. Su hijo se movía rítmicamente allí, su diminuto corazón latía tan apresuradamente que le resultaba incomprensible.
Catalina se mordió el labio inferior, quería volver a llorar. Era la quinta vez que estaba al borde de las lágrimas desde que habían salido de casa. Parecía una fuente de