— No me dices nada que no sepa ya, Cecilia. Por supuesto que sé que el cabrón de tu marido fue quien saboteó mi cosecha.
— Si, ¿pero tienes evidencias de ello, Sandro?— insistió ella — según sé, no cuentas con esa información. Además, hace unos días escuché a Paolo jactarse de que no podías hacer nada en su contra.
— ¿Qué es lo que quieres?
— Reunámonos. Elige la hora y el lugar, yo iré a verte.
— ¿Qué ganas tú con todo esto?
Ella volvió a suspirar.
— Mi venganza. Paolo me engañó. Me hizo