— Él pudo haberte hecho daño, mi amor.— sollozó Sandro contra su cuello.
Sus palabras la dejaron paralizada.
Con movimientos delicados y con ternura, él procedió a tomarla en sus brazos y llevarla al sofá, dónde se acurrucó unos minutos con ella, acariciándola y llenando su rostro de besos.
— Perdona, fui demasiado brusco. Estaba celoso. Estaba asustado...yo...
Ella tomó su rostro entre sus manos y lo besó, despacio.
— No logras comprender lo terrible que es todo esto. Ese cabrón te amenaz