Aquello alarmó terriblemente a Catalina.
— ¿Tenerme? — Masculló airada.— es que...¿qué soy para ustedes? ¡¿Un puto juguete?!
Alessandro fue a contestar pero timbró su celular.
— ¿Ciao? Sí, está aquí. — murmuró. — sí, la tormenta causó bastante estragos pero la casa está bien y los trabajadores ya comenzaron las obras de reparación, aunque es posible que estemos sin fluido electrico por un par de días más.
Reinó el silencio por unos minutos y luego:
— Sí, por supuesto. Aquí les esperamos.— c