Como sus padres no estaban allí esta vez, Catalina esperaba estar más relajada durante el almuerzo, pero le fue imposible.Los Visconti no paraban de mirarla raro. Eso hacía que se sintiera más molesta, intranquila e insegura que nunca.
Luego de un almuerzo increíblemente delicioso que a ella le supo a muy poco, porque muy poco comió; se entretuvo conversando con Ivanna, quien desde el principio había monopolizado su atención hasta que su cuñada increpó a Alessander:
— ¿Por qué no le muestras t