Sonee llamó a la puerta del probador, otra vez. — ¿Todavía no estás lista, querida?
Catalina se miró en el espejo de cuerpo entero, maravillandose ante lo que veía. El delicado vestido que su suegra había seleccionado se adaptaba a su figura, era de su tamaño exacto, y obviamente le quedaba bien.
En lugar de intentar disimular sus curvas, el caído escote la hacía verse sensual, y la falda larga se abrazaba a sus piernas.
Saliendo, Catalina enfrentó las miradas satisfechas de su suegra y s