82. La tortura de Valdimir para Aelina
Aelina se debatía en un torbellino de emociones contradictorias. Sus intentos de resistencia se desvanecían ante el embriagador beso de Valdimir que, con sus fornidos brazos la envolvían con una fuerza irresistible. La fusión de sus labios, el baile libidinoso de sus lenguas y los suaves mordiscos que él le propinaba ocasionalmente la sumergían en un éxtasis inexplorado.
Inexplicablemente, mientras Valdimir la besaba, Aelina se olvidaba de la naturaleza sobrenatural y —quien era— ese que estaba