209. El Alfa y su cachorro beta
En sol comenzaba a descender en el horizonte en ese día de otoño, tiñendo el cielo en esos hermosos tonos anaranjados y rosáceos, cuando Valdimir y Erik se adentraron en la parte más remota del castillo real de Vientalia. El silencio el silencio entre ellos era cómodo, y solo era roto por el crujir de las hojas secas bajo sus pies y el ocasional gorjeo de algún pájaro lejano. El aire fresco de la tarde acariciaba sus rostros, trayendo consigo el aroma a pino y tierra húmeda.
Cuando estuvieron se