124. La Reina y su Alfa
Todavía ahí, en la alcoba real, tras compartir aquellas confidencias que desentrañaban los misterios de sus almas, Aelina se aproximó con gracia felina al imponente Rey Lobo. Con movimientos delicados pero decididos, se posicionó sobre él, provocando en Valdimir una mezcla de asombro y deseo.
La reina, con sus dedos esbeltos, comenzó a trazar patrones sobre el torso desnudo y musculoso de Valdimir, enviando escalofríos por su columna. Sus ojos azules, llenos de deseo, se encontraron con los del