125. Una mañana diferente
Valdimir y Aelina permanecieron entrelazados en el lecho real, entregándose a los placeres de la carne durante el resto de aquella mañana. Sus cuerpos se fundían en un vaivén apasionado, con sus respiraciones agitadas llenando la estancia con una sinfonía de deseo. El Rey Lobo, con su vigor insaciable, eyaculó dentro de su reina en tres ocasiones distintas, cada clímax más intenso que el anterior.
Mientras tanto, en el pasillo, Erik, el fiel sirviente encargado de atender a la reina cada amanece