Serena se despertó a las tres de la madrugada, tiritando de frío.
No era para menos: la casa del jefe era exageradamente lujosa, y el aire acondicionado funcionaba como si quisieran convertirla en una cámara frigorífica. Tal vez era porque Esteban era de esas personas que preferían el frío extremo y solo parecían sentirse vivos en ambientes congelados.
Temblando, Serena se abrazó los hombros para darse algo de calor, y fue entonces cuando notó que tenía encima una chaqueta de traje. Era de Este