Después de ser echados del departamento, Nicol y Wilfredo no tuvieron más remedio que vagar sin rumbo por las calles.
Wilfredo todavía intentó golpearla, pero Nicol lo empujó con fuerza, llena de desprecio.
—¿Ahora que todo se descubrió, estás contento? —le escupió con los ojos encendidos de odio.
Ya no tenía nada con lo que chantajearla, y Nicol sentía que si tuviera un cuchillo, no dudaría en clavárselo.
El hombre que alguna vez amó con locura... ahora se había convertido en el que más odiaba