El aliento de Serena se volvió errático al instante. Sus labios, enrojecidos y ligeramente hinchados por los besos de Esteban, temblaban sutilmente.
A Esteban le encantaba verla así.
Frágil, vulnerable, solo suya.
Y solo a su lado. Nadie más tenía derecho a disputársela.
Serena sabía que Esteban había bebido, pero su mente seguía lúcida. No se había transformado en ese otro Esteban, frío y desquiciado.
Esto... esto era él de verdad.
Sin la máscara de cortesía, Esteban no era un hombre amable. E