El color violeta solía hacer ver a las personas anticuadas o apagadas, pero Serena lo había dominado a la perfección.
Dentro del set, llevaba un vestido blanco de tirantes, y su larga melena violeta caía sobre sus delgados hombros como una cascada. De perfil, sin maquillaje alguno, su piel se veía pálida y tersa, sus cejas arqueadas y la nariz recta. Sus labios, de un rojo suave, parecían especialmente delicados. Parecía un hada que se había perdido en el mundo de los humanos.
Se puso un abrigo