Rowan sabía que nada estaba bien. El silencio de la casa no era normal, era algo que ya no sucedía en su mansión.
No se escuchaban los pasos pequeños y torpes corriendo por el pasillo ni la risa chillona de Nefty cuando Thomas intentaba alcanzarla. No se oía la voz suave de Elara hablando con la bebé.
No había nada, solo había ese vacío que antes reinaba en su mansión. Toda alegría y luz se había extinguido sin más.
Confundido, preocupado y frustrado entró directo a la habitación por enec