—¡Malditø seas! —Rugió, su rostro deformado por la rabia. —¡No puedes quitarme esto!
—Nunca fue tuyo. —Rowan lo miró con una serenidad letal.
—¡Me lo debes! —El ødio ardió en la mirada de Angus. —¡Me debes todo! —Gritó con furia.
—¿De qué estás hablando? —Elara frunció el ceño, confundida.
Angus soltó una risa amarga, cargada de resentimiento.
—De él. —Señaló a Rowan con desprecio. —Del hombre que destruyó mi vida.
—Ni siquiera te conozco. —Rowan lo miró con el ceño fruncido.
—¡Exacto! —Rugió A