Sus hijos.
Al no encontrar a Stella, Sebastián había ido a buscarla a cualquier parte, con el corazón latiendo desbocado y la angustia consumiéndole como fuego lento.
Sus ojos, enrojecidos buscaban en cada rincón de la calle, escudriñando entre las personas que transitaban, esperando ver su silueta en algún punto del horizonte urbano.
El viento otoñal, frío e indiferente, golpeaba su rostro mientras recorría cada calle, cada parque.
Así llegó a la casa de Anderson Valencia, sintiendo que cada segundo