Quedate a cuidarme.
Marina presionó los labios, se cruzó de brazos contra su pecho y se acomodó en el sillón. Tomó decisión de no abandonar la habitación bajo ninguna circunstancia, por incómoda que fuera la situación. Al fin y al cabo, esta era la habitación que su abuelo le había dado mientras aún respiraba, un espacio que nadie tenía derecho a arrebatarle, ni siquiera en estas circunstancias tan desafiantes.
Así que, si Sebastián, con toda su arrogancia y obstinación, no deseaba verla o encontrarse con su prese