Ofensa.
Marina se detuvo apenas un segundo, tan breve como el suspiro de una mariposa al rozar una flor, seguido se marchó, dejando atrás de ella no solo el espacio físico de aquella habitación, también las especulaciones del doctor, la mirada despreciable y cargada de veneno de Mariana, y por supuesto, aquellos deseos de cuidado de Sebastián, cuya ansiedad casi podía palparse en la atmósfera que ahora abandonaba.
Al bajar las gradas de mármol pulido que se extendía hasta el vestíbulo principal, sus de