Ella intentó asesinarte.
En el auto, Marina agarró con delicadeza las manos cálidas de Sebastián que tocaban su rostro sonrojado, el cual había sido maltratado por la fuerte presión de Pablo minutos atrás.
La marca rojiza en su mejilla izquierda comenzaba a tornarse morada.
Pero ella no sentía dolor físico en ese momento, porque su pecho agitado se había reconfortado viendo cómo su esposo, aquel hombre que había jurado odiarla hasta el último día de su vida, la defendía con fiereza de aquel patán despreciable que h