Usted es peligrosa, Isabella Deveraux.
Alessia sonrió satisfecha, convencida por un instante de haber salido victoriosa ante los ojos de todos, pero ese orgullo se quebró apenas desvió la mirada hacia Sebastián.
Esperaba encontrar un destello de aprobación, un gesto cómplice o siquiera una mirada que validara su impulso, pero en su lugar, se topó con un muro de hielo, como si el alma se le hubiera escapado por un segundo.
Sebastián se mantenía inmóvil, rígido como una estatua esculpida en piedra, con la mandíbula apretada y los oj