Quiero que hagas algo por mí.
Sebastián recibió la noticia en su nuevo apartamento, un lugar ordenado de manera meticulosa, casi obsesiva, como si al controlar cada objeto intentara convencerse de que podía controlar algo de su vida cuando, en realidad, todo estaba hecho pedazos.
El aire estaba cargado de silencio y de un aroma a whisky que flotaba en el ambiente, un recordatorio de las noches en vela que había pasado intentando encontrar paz.
Desde que decidió volver de Milán, no había tenido un solo inst