Más corriente no podía verse.
Un timbre grave resonó en el recinto, marcando el inicio oficial de la velada con una solemnidad que atravesó el murmullo elegante de los asistentes, interrumpiendo de golpe los susurros femeninos que, apenas unos segundos antes, comentaban con indiscreción sobre Isabella y la situación incómoda en la que se encontraba su aún esposo, acompañado por una mujer que no pasaba desapercibida.
La repentina irrupción del sonido provocó un pequeño sobresalto en las mesas cercanas, obligando a las mujere