Santiago estaba atado y de rodillas. Su cuerpo seguía chorreando. Parecía un pecador que estaba siendo castigado. Julieta se quedó inmóvil y luego de un largo rato giró lentamente la cabeza y miró al inexpresivo Leandro.
Resultó que lo que Renzo había dicho era cierto. De verdad Leandro había enviado a alguien a buscar a Santiago. Por un momento se volvió loca de felicidad.
Él le creyó, ¿no?
De repente, Leandro dijo:
—Él mató a Camilo, ¿no?
Ella se quedó quieta y asintió.
—Sí.
—¿Quieres vengart