—¡Tú!
—¿Qué? Quieres matarme, ¿no?
Santiago sonrió siniestramente.
—¡Mátame! ¡Date prisa!
Cuando terminó, susurró en un tono que solo Julieta podía oír:
—Delante de Leandro, aunque muera, no diré la verdad.
¿Qué?
Julieta temblaba por la rabia, apretaba los dientes haciendo un ruido muy grande. Si no le quedaba sentido común, realmente quería matarlo.
—¡Qué diablos te dio Dalila para que mientas arriesgando tu vida!
—¿Dalila? ¿Quién es?
—¡Eres un insidioso! Hace dos años Dalila y tú fueron quien