Sin motivo alguno, una punzada de dolor atravesó el corazón de Leandro, y las venas de su mano se hincharon al instante.
¿Qué quería decir con eso? ¿Se arrepintió? ¿Qué derecho tenía de arrepentirse?
—¡Julieta, no vayas demasiado lejos!
¿Ir demasiado lejos?
Julieta resopló. De verdad eran una basura y una puta, los dos le decían lo mismo. Pero ¿en qué había ido demasiado lejos? ¿Qué había hecho mal de principio a fin?
—Leandro, si has venido para humillarme, entonces prefiero saltar del coche —d