La sala de juntas de la Agencia había perdido brillo. Las pantallas encendidas proyectaban gráficos que nadie miraba y las sombras de siempre parecían más cansadas que poderosas. La luz fría del techo hacía relucir las gotas de sudor en las sienes de los altos mandos. El murmullo constante de teclas y respiraciones contenidas ya no era el de antes.
Mara, con su traje impecable, estaba de pie frente a ellos. No había dormido, las ojeras le daban un aire más severo aún.
—Kenji no puede quedar s