Las puertas de la sala de juntas apenas se habían cerrado cuando el murmullo estalló entre los altos mandos. Uno de ellos golpeó la mesa con el puño.
—¡No puede salir así! —Escupió con furia. —Si no se quiere quedar por las buenas, lo hará por las malas. —Un coordinador de seguridad ya tenía un comunicador en la mano.
—Bloqueen todos los accesos. Activen los protocolos de contención. Kenji Yoshida no debe salir del edificio. —Ordenó alterando los corazones hasta de los más fríos. Se estaban