La mansión que siempre había sido un refugio, se sentía diferente. Las paredes parecían más frías, los pasillos más largos, y hasta el aire parecía cargado de un peso invisible. Julieta lo notó desde el primer instante en que entró, con el aroma familiar del aromatizante y las flores de Lianett esperándola, pero algo dentro de ella no pudo sentirse en paz.
Quizás era el silencio de Kenji, que no había vuelto a sonreír desde el avión o quizá era la forma en que Barak cerró todas las ventanas co