Julieta miraba la maleta abierta sobre la cama y sentía como si le arrancaran el alma. La luna de miel, que había soñado como un recuerdo eterno de risas, caricias y complicidad, se había convertido en una pesadilla, una postal que se deshacía en sus manos como arena. Apenas habían pasado unos días desde que llegó la noticia que los sacudió: aquel hombre que los observaba en el mercado no era una coincidencia, no era un turista cualquiera. Era una sombra, un recordatorio de que el pasado nunca