Hernán Del Valle manejó hacia la constructora con la mandíbula apretada, murmurando insultos contra Agustín. Había arrojado con rabia el celular sobre el asiento del acompañante.
Había salido de su casa demasiado rápido.
Eso lo irritaba por culpa de ese contador de pacotilla.
No le gustaba correr por nadie. No le gustaba la sensación de sentirse empujado a moverse.
Él siempre era el que hacía esperar.
Él era el que llamaba.
Él era el que decidía cuándo una persona entraba o salía de su ofi