El lunes por la mañana llegó con titulares.
No fueron prudentes.
No esperaron a que nadie estuviera preparado. Los periodistas se amontonaban afuera de la jefatura, con cámaras, micrófonos y esa ansiedad feroz de quienes huelen un escándalo antes de que termine de estallar.
El nombre de Vanessa Ríos apareció primero en portales pequeños, de esos que publicaban antes de confirmar demasiado. Después lo tomaron los diarios grandes, los programas de la mañana y las cuentas de redes que vivían de co