En la casa, Hernán estaba sentado a la mesa.
Había cocinado.
O al menos había intentado parecer un hombre que cocinaba.
Había tostadas, huevos revueltos, jugo, frutas cortadas y una cafetera llena de café .Todo estaba ordenado. Era una escena armada para que alguien la mirara desde afuera y dijera: “Qué buen padre es este hombre”.
Se levantaba cada cinco minutos a buscar algo que supuestamente se había olvidado en la cocina o que todavía estaba preparando. Eva lo observaba sin decir nada