Más tarde, Hernán llevó a los niños a una habitación que había preparado para ellos.
Dos camas.
Mantas nuevas.
Algunos juguetes que no eran de ellos.
Cuadernos, lápices, una lámpara pequeña sobre la mesa de noche y hasta un par de pantuflas nuevas colocadas junto a cada cama.
Todo demasiado correcto.
Todo demasiado ordenado.
Todo parecía comprado de apuro para construir una imagen.
Eva se quedó en la puerta mirando aquel cuarto que no tenía nada de hogar y, aun así, estaba armado como si